Los enamoramientos

16 ene

 

Es la horrible fuerza del presente, que aplasta más el pasado cuanto más lo distancia, y además lo falsea sin que el pasado pueda abrir la boca, protestar ni contradecirlo ni refutarle nada. Y no hablemos ya de esos maridos o mujeres que no se atreven a abandonar al cónyuge, o que no saben cómo hacerlo, o que temen causarle demasiado daño: esos desean secretamente que el otro se muera, prefieren su muerte antes que afrontar el problema y ponerle razonable remedio. Es absurdo, pero así es: en el fondo no es que no le deseen ningún mal y traten de preservarlo de todos con su sacrificio personal y su esforzado silencio (porque de hecho se lo desean con tal de perderlo de vista, y además el mayor e irreversible), sino que están dispuestos a ocasionárselo ellos, quieren no sentirse responsables de la infelicidad de nadie, ni siquiera de la quienes los atormentan con su mera existencia cercana, con el vínculo que los ata y que podrían cortar si fueran valientes. Pero, como no lo son, fantasean o sueñan con algo tan radical como la muerte del otro. “Sería una solución fácil y un enorme alivio”, piensan, “yo no tendría nada que ver en ello, no le causaría dolor ni tristeza alguna, él no sufriría por mi culpa, o ella, sería un accidente, una enfermedad veloz, una desgracia en los que yo no tendría ni arte ni parte; al contrario, yo sería una víctima a los ojos del mundo y también a los míos, pero una víctima beneficiada. Y sería libre.”

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(Javier Marías: “Los enamoramientos” Pág. 114)

 

 

Camino de vuelta

15 ene

Lugar y momento

14 ene

Nosotr@s enseñamos vida, señor

13 ene

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¡¡Resistiré!!

23 dic

Calle 13

15 nov

 

Brooke Fraser

8 nov

 

 

Brooke Fraser: “Something in the water”

World R-love-lution

29 oct

 

Cuéntame otra vez

29 oct

 

 

 

Operación 20-N

28 oct

 

Anonymous, puede que lleves razón. Pero yo creo en el voto útil de izquierdas aunque esta vez vaya a votar con la nariz tapada, léase PSOE.  Desde luego, después del comportamiento de IU en Extremadura que se olviden de mi posible voto, Roma no paga traidores. Y del resto de partidos pequeños, va a ser que no. Igual a las próximas :)

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28 oct

¿He escrito alguna vez que me encaaaaaaaaaaaanta IKEA?

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Pintadas gustosas

27 oct

15 de octubre, toma la calle

13 oct

 

Aprendizaje o el libro de los placeres

2 sep

 

—Estuve leyendo un día a un filósofo, sabes. Una vez seguí su consejo y resultó bien. Era más o menos esto: solamente cuando olvidamos todos nuestros conocimientos es cuando comenzamos a saber. Entonces pensé en ti, que no hablas una palabra de filosofía conmigo y cuando estamos juntos, eso es, cuando estamos juntos pareces un sabio que no quiere ser más sabio y hasta, sabes, hasta se permite el lujo de angustiarse disimuladamente como cualquiera de nosotros.

Ulises estaba atento, inmóvil. Lori continuó:

—Parece tan fácil a primera vista seguir consejos de alguien. Tus consejos, por ejemplo —ahora ella ya hablaba en serio—: tus consejos. Pero existe un gran obstáculo, el más grande, para que yo siga adelante: yo misma. He sido la mayor dificultad en mi camino. Es con enorme esfuerzo como consigo sobreponerme a mí misma.

Jamás había hablado tantas palabras seguidas. Por eso quería evitar lo principal. No obstante de repente notó que si no dijera el final nada habría dicho, y habló:

—Soy un monte infranqueable en mi propio camino. Pero a veces, con una palabra tuya o con una palabra leída, de repente todo se aclara.

Sí, todo se aclaraba y ella surgía de dentro de sí misma casi con esplendor.

—Sí —dijo Ulises—. Pero te engañas. Yo no doy consejos. Yo simplemente (yo) creo que lo que realmente hago es esperar. Esperar a que tal vez tú misma te aconsejes, no sé, Lori, te juro que no lo sé, a veces me parece que estoy perdiendo el tiempo, a veces me parece que al contrario, no hay modo más perfecto, aunque inquieto, de emplear el tiempo: el de esperarte. ¿Sabes rezar?

—¿Qué? —preguntó ella con sobresalto.

—No rezar el padre nuestro, sino pedirte a ti misma, pedir lo máximo de ti misma.

No sé si sé, nunca lo he intentado. ¿Es esto un consejo? —preguntó con ironía.

Él se perturbó:

—Eso creo. Olvida lo que te dije.

 

(Clarice Linspector: “Aprendizaje o el libro de los placeres” Pág. 49-50)

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Chet Baker piensa en su arte

2 sep

 

Mi padre, que en otros tiempos había creído en tantas y tantas cosas para acabar desconfiando de todas ellas, me dejaba una única y definitiva fe: la de creer en una ficción que se sabe como ficción, saber que no existe nada más y que la exquisita verdad consiste en ser consciente de que se trata de una ficción y, sabiéndolo, creer en ella.

 

(Enrique Vila-Matas: “Chet Baker piensa en su arte” pág. 16)

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