“… Una vez iniciadas, ¿por qué resulta tan difícil poner fin a estas relaciones, dejar a esa persona que nos está arrastrando por todos los pasos dolorosos de esa danza destructiva? Hay una regla empírica que dice así: cuanto más difícil es poner fin a una relación que es mala para nosotros, más elementos de lucha infantil contiene. Cuando amamos demasiado, es porque tratamos de vencer los viejos miedos, enojos, frustraciones y dolores de la niñez, y darse por vencido es renunciar a una valiosísima oportunidad de encontrar alivio y de rectificar lo que hemos hecho mal.
Si bien éstos son los fundamentos psicológicos inconscientes que explican nuestro impulso de estar con él a pesar del dolor, hacen poca justicia a la intensidad de nuestra experiencia consciente.
Sería difícil exagerar la pura carga emocional que este tipo de relación, una vez iniciada, acarrea para la mujer involucrada. Cuando ella intenta separarse de la relación con el hombre a quien ama demasiado, siente como si miles de voltios de energía dolorosa fluyeran a toda velocidad y salieran por los extremos cercenados de los mismos. La antigua sensación de vacío renace y se arremolina a su alrededor, arrastrándola hacia el lugar donde aún pervive su terror infantil a estar sola, y ella está segura de que se ahogará en el dolor.
Esta clase de carga -las chispas, la atracción, el impulso de estar con esa otra persona y de hacer que la relación funcione- no está presente en la misma medida en las relaciones más saludables y satisfactorias, porque no representan todas las posibilidades de saldar viejas cuentas y de prevalecer sobre lo que una vez fue abrumador. Esta emocionante posibilidad de rectificar viejos errores, de recuperar el amor perdido y de ganar una aprobación reprimida es lo que, para las mujeres que aman demasiado, constituye la atracción inconsciente que subyace al hecho de enamorarse.
Es también por eso que, cuando entran en nuestra vida hombres que se interesan por nuestro bienestar, nuestra felicidad y nuestra realización personal y que presentan la verdadera posibilidad de una relación sana, por lo general no nos interesan. Y no nos equivoquemos; esa clase de hombres sí entran en nuestra vida. Cada una de mis pacientes que ha amado demasiado ha podido recordar por lo menos a uno, y a menudo a varios hombres a quienes describieron como “realmente agradables… tan amables… de verdad se preocupaban por mí…”. Entonces por lo general, viene la sonrisa irónica y la pregunta: “¿Por qué no me quedé con él?”. A menudo ella es capaz de responder su propia pregunta enseguida: “Por alguna razón nunca me entusiasmó tanto. Supongo que era demasiado amable, ¿no?”.
(Robin Norwood: “Las mujeres que aman demasiado” pág. 132-133)

¿estás enganchada al libro?
BICOS,
Por: aldabra el 8 Octubre 2008
a las 7:52 pm
Ahora mismo, sí.
Por: nandara el 9 Octubre 2008
a las 11:13 am
Buenas tardes
Yo estoy pasando por eso y voy a leer el libro me parecio muy util la pagina gracias,soy de Argentina
Por: gabriela el 8 Noviembre 2008
a las 5:39 pm
Hola, Gabriela, bienvenida. Yo, de España.
Por: nandara el 11 Noviembre 2008
a las 11:55 am