… O la obra del Escorial. Ya veremos cuándo me examino, porque a este paso las llevo claras. Llego cansada del trabajo y lo que menos me apetece es ir a la autoescuela. Sin embargo, hago de tripas corazón y voy.
Noto mucho avance, la semana pasada no fui a clase por las fiestas en la capital y por jaleos varios, entre ellos comidas (fiestones, despedidas y encuentros hospitalarios para ser sincera) que me dejaron el cuerpo hecho polvo y con nula visibilidad de tráfico. El horario asignado en la autoescuela era de noche y una, miope hasta la médula, se niega a dar clase por una ciudad donde las señales de tráfico pintadas en el suelo, de noche apenas se ven. Muy mal pintadas. Así que les dije que clases nocturnas (9-11 noche) ni una.
Entonces, la secretaria de la escuela pregunta ingeniosa ella:
- ¿Y cuando te toque conducir de noche qué harás?
Conste que lo primero que me pasó por la cabeza era que no pensaba conducir ni de lejos, pero respondí:
- Ya me las ingeniaré, antes iré al oftalmólogo que cada vez me veo menos de noche…
La verdad, es que conducir de noche como que no me veo ni apetece en absoluto.
Y eso que aún no he conseguido el carnet de conducir. Qué futuro.