
Cataratas (I)
7 febLlevaba tiempo quejándome de la vista, no veía bien, sobre todo de noche y solía achacarlo al paso del tiempo o a la costumbre en el diagnóstico popular: “falta de agudeza visual”.
Notaba sobre todo la pereza a la hora de leer, el tener que forzar la vista, el picor de ojos y también como si alguien hubiese quitado intensidad a la luz general. Incluso llegué a proponer en casa la idea de aumentar el número de lámparas…
Hace un mes acudí a oftalmología, tocaba revisión anual a la miopía con la cual convivo desde los ocho añitos. Sentí extrañeza al observar la cantidad de aparatos por los que tuve que pasar, no era la norma habitual. En fin.
Y de golpe, la doctora emite diagnóstico: “Chica, hay que operar, tienes cataratas en los dos ojos”. ¿Ca-ta-ra-tas? ¿en los DOS ojos? digo yo. Cataratas como suena, dice ella.
Y aquí estoy, en casa, operada hace una semana del ojo derecho. Recuperando a pasos agigantados visión y luz.
Luz, luz, luz. ¿Cómo explicar la luminosidad (en un ojo)? Pura emoción, casi se me saltan las lágrimas cuando al día siguiente de la operación abrí los ojos y ví cuánta luz había en la habitación.
Lecturas de verano
10 agoSucede que en verano, más bien cuando llega el sol en pleno apogeo, dejo de leer. Da igual que plantee buenos propósitos, que busque títulos atractivos muy recomendados. No importa. Aparece el descanso, algo parecido a la astenia vacacional. No me apetece leer, no me concentro. Prefiero simplemente que pase el tiempo y el pensamiento se aleje por otros derroteros. Como en la resistencia francesa durante la segunda guerra mundial, ya llegará la primavera.
En lo que llevo de verano sólo he leído un libro y por casualidad.
-Podrás con esto. Sé que no lo parece, pero lo harás. Eres una superviviente.
-Yo no quiero sobrevivir.
-Eso también lo sé -había dicho Nell-. Y es lógico. Pero a veces no tenemos alternativa…
(Kate Morton: “El jardín olvidado” Pág. 207)
Qué calor.
17 jun¡¡Qué calor, por favor!! Ha llegado el verano, preparad@s, list@s, yaaaaaaaaaaaaaaaa.
Llegó el tiempo de las cerezas
28 mar¿Qué me impulsa a creer que la vida merece la pena, cuando hace una semana estaba al borde de la derrota? ¿Dónde nace la ilusión? Rita Levi-Montalcini (Turín 1909) neuróloga, premio Nobel de Medicina, sostiene que la razón es hija de la imperfección. “En los invertebrados todo está programado: son perfectos. Nosotros, no. Y, al ser imperfectos, hemos recurrido a la razón, a los valores éticos: discernir entre el bien y el mal es el más alto grado de la evolución darwiniana”.
(Nativel Preciado: “Llegó el tiempo de las cerezas” Pág. 105)
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Desgracia
13 mar–No cuentes con mi simpatía, David. No cuentes con la simpatía de nadie. Ahora no hay simpatía, no hay compasión para nadie en estos tiempos que corren. Todos se van a poner contra ti, y, si lo piensas bien, ¿por qué no? De veras que no lo entiendo. ¿Cómo has podido?
Ha vuelto ese viejo tono, el tono que prevaleció durante los últimos años de su vida en común: el tono de la recriminación apasionada. Hasta la propia Rosalind debe de darse cuenta. Sin embargo, tal vez no le falte razón. Tal vez los jóvenes tengan todo el derecho del mundo a vivir protegidos del espectáculo que dan sus mayores cuando están inmersos en los espasmos de la pasión. A fin de cuentas, para eso están las putas: para hacer de tripas corazón y aguantar los momentos de éxtasis de los que ya no tiene derecho al amor.
( J.M. Coetzee: “Desgracia” Pág. 59)
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¡Indignaos!
4 marOs deseo a todos, a cada uno de vosotros, que tengáis vuestro motivo de indignación. Es un valor precioso. Cuando algo te indigna como a mí me indigno el nazismo, te conviertes en alguien militante, fuerte y comprometido. Pasas a formar parte de esa corriente de la historia, y la gran corriente debe seguir gracias a cada uno. Esa corriente tiende hacia mayor justicia, mayor libertad, pero no hacia esa libertad incontrolada del zorro en el gallinero. Esos derechos, cuyo programa recoge la Declaración Universal de 1948, son universales. Si os encontráis con alguien que no se beneficia de ellos, compadecedlo y ayudadlo a conquistarlos.
( Stéphane Hessel: “¡Indignaos!” Pág. 16)
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Cuatro hermanas
28 febAlguien tenía que decírselo, siempre. El pésimo sentido del tiempo de Leonie era objeto constante de nuestras bromas. Como todos los fanáticos, sentía unos deseos tan ardientes de hacer lo que quería hacer que el tiempo no tenía más remedio que acomodarse a ella. Y esto lo creía Leonie con una fe tan inquebrantable que perdía trenes, quemaba las comidas y nunca sabía cómo empezaba una película. La familia ni siquiera consiguió que, cuando Soames estaba a punto de nacer, fuera a tiempo al hospital. Insistía en que tenía todo el día. Siguió colocando cintas y lazos en la cuna del bebé -lo quería todo perfecto-, salió para el hospital a la hora que le vino bien y Soames nació en el asiento delantero del coche. Leonie nunca aprendía.
(Jetta Carleton: ”Cuatro hermanas” Pág. 36)
Procesando, que es gerundio.
22 feb
Me ha encantado pasar la mañana con ella y al despedirme me dan ganas de pedirle perdón, aunque no sé muy bien por qué. Es un sentimiento que no logro identificar, pero creo que le debo algo a mi madre. Debería disculparme por no haberle prestado más atención, por no haberla escuchado, por no haberle agradecido muchas cosas. Qué revelación descubrir que existe una mujer dentro de tu madre. Le he echado tantas veces la culpa de todo lo que me pasaba a mí que ella se me olvidó.
( Nuria Roca: “Los caracoles no saben que son caracoles” Pág. 150)














