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Aprendizaje o el libro de los placeres

2 sep

 

—Estuve leyendo un día a un filósofo, sabes. Una vez seguí su consejo y resultó bien. Era más o menos esto: solamente cuando olvidamos todos nuestros conocimientos es cuando comenzamos a saber. Entonces pensé en ti, que no hablas una palabra de filosofía conmigo y cuando estamos juntos, eso es, cuando estamos juntos pareces un sabio que no quiere ser más sabio y hasta, sabes, hasta se permite el lujo de angustiarse disimuladamente como cualquiera de nosotros.

Ulises estaba atento, inmóvil. Lori continuó:

—Parece tan fácil a primera vista seguir consejos de alguien. Tus consejos, por ejemplo —ahora ella ya hablaba en serio—: tus consejos. Pero existe un gran obstáculo, el más grande, para que yo siga adelante: yo misma. He sido la mayor dificultad en mi camino. Es con enorme esfuerzo como consigo sobreponerme a mí misma.

Jamás había hablado tantas palabras seguidas. Por eso quería evitar lo principal. No obstante de repente notó que si no dijera el final nada habría dicho, y habló:

—Soy un monte infranqueable en mi propio camino. Pero a veces, con una palabra tuya o con una palabra leída, de repente todo se aclara.

Sí, todo se aclaraba y ella surgía de dentro de sí misma casi con esplendor.

—Sí —dijo Ulises—. Pero te engañas. Yo no doy consejos. Yo simplemente (yo) creo que lo que realmente hago es esperar. Esperar a que tal vez tú misma te aconsejes, no sé, Lori, te juro que no lo sé, a veces me parece que estoy perdiendo el tiempo, a veces me parece que al contrario, no hay modo más perfecto, aunque inquieto, de emplear el tiempo: el de esperarte. ¿Sabes rezar?

—¿Qué? —preguntó ella con sobresalto.

—No rezar el padre nuestro, sino pedirte a ti misma, pedir lo máximo de ti misma.

No sé si sé, nunca lo he intentado. ¿Es esto un consejo? —preguntó con ironía.

Él se perturbó:

—Eso creo. Olvida lo que te dije.

 

(Clarice Linspector: “Aprendizaje o el libro de los placeres” Pág. 49-50)

Chet Baker piensa en su arte

2 sep

 

Mi padre, que en otros tiempos había creído en tantas y tantas cosas para acabar desconfiando de todas ellas, me dejaba una única y definitiva fe: la de creer en una ficción que se sabe como ficción, saber que no existe nada más y que la exquisita verdad consiste en ser consciente de que se trata de una ficción y, sabiéndolo, creer en ella.

 

(Enrique Vila-Matas: “Chet Baker piensa en su arte” pág. 16)

La casa de Riverton

23 ago

 

-Qué romántico -comentó maliciosamente David-. La pobre dama está desesperadamente enamorada de un hombre que no puede tener y a ti te molesta leerle de vez en cuando un triste poema. Crueldad, ése es tu nombre, Hannah.

-No soy cruel sino práctica -puntualizó Hannah con firmeza-,. El romanticismo hace que las personas se comporten tontamente y pierdan la dignidad.

David sonreía divertido, como un hermano mayor convencido de que con el tiempo Hannah cambiaría su manera de pensar.

-Es la verdad -afirmó obstinadamente Hannah-. La señorita Prince debería dejar de sufrir y comenzar a ocupar su mente, y la nuestra, en cosas de interés, como la construcción de las pirámides, la ciudad perdida de la Atlántida, las hazañas de los vikingos…

Emmeline bostezó y David alzó sus manos indicando que se daba por vencido.

 

(Kate Morton: “La casa de Riverton” pág. 49)

 

Si un árbol cae.

27 jun

¿Cómo fue el asedio?

En realidad, ahora tengo la sensación de que he estado realmente vivo sólo dos veces en mi vida, todo lo demás ha sido correr tras ilusiones; pero sólo dos veces, en mi niñez y durante los tres años y medio del asedio, he vivido la verdadera vida.

A ese periodo lo llamo infierno. La niñez fue un tipo de infierno, un infierno dorado. En cuanto a la guerra, aunque ya hace ocho años desde que se acabó, sigo teniendo ese sentimiento…No es que tenga nostalgia. ¿Qué había de atractivo en esa situación, vista desde la distancia? Me doy cuenta de que la clave era que todo era verdad. La niñez es genuina, como el tiempo de guerra. Deseo de ver y sentir cosas genuinas. Sed de de cosas auténticas. La vida cotidiana consistía en protegerse y huir del sufrimiento. Puro sufrimiento. Ninguna mentira. Intentábamos mitigar el sufrimiento. La gente estaba en cierto modo desnuda y se veía todo claro. Y esa sensación de ser humanos vivos es muy intensa. Recuerdo muy a menudo una frase de Los hermanos Karamázov de Dostoievski que dice: “El ser humano es demasiado grande, me gustaría empequeñecerlo”. Intentando ser buenos y ser malos, todas llegan más lejos, los límites se borran.

(I sabel Núñez: “Si un árbol cae” Conversaciones en torno a la guerra de los Balcanes”  Pág. 42)

Para Ana (de tu muerto)

15 jun

 

Afirmaba cosas como que “las gentes a las que les gusta vivir  en pueblos pequeños son malas personas”; “Imagine  de John Lennon es una de las peores canciones de la historia de la música”; “todavía no he tenido la suerte de encontrarme un ecologista que no sea imbécil”; “las únicas mujeres que me parecen respetables son las que dicen que sí”… El mérito no estaba en exponer aquellas sentencias con el fin de provocar en cualquier tertulia, sino en cómo las argumentaba con un cinismo tan brillante que acababa haciéndote reir y terminabas dándole la razón por mucho que admiraras a John Lennon , o fueras ecologista, o vivieras en un pueblo, o fueras una mujer que acostumbra a decir no. Daba igual. Carlos te ganaba siempre y acababas dentro de su red, encantada de estar a su lado, aunque ni siquiera fueras tú.

Ahora, pensando en su muerte, en la carta que me mando, en la novela inacabada y en nuestro hijo, no puedo quitarme de la cabeza otra de sus frases: “la verdad está sobrevalorada, en realidad, no es tan importante”.

 

(   Nùria Roca & Juan del Val: “Para Ana (de tu muerto)”   Pág. 44-45 )

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Feria del libro 2011 ( I )

13 jun

Alejandro Jodorowsky, genio y figura. Me encanta. Adelantamos el viaje a Madrid un día por asistir a la presentación de su libro “Metagenealogía” en la Casa de América. Ni flores, el aforo se llenó y nos quedamos fuera. Otra vez será.  :(  Al día siguiente, ya en la feria, se lo comenté y puso una carita máaaaaas triste. Parece una dulzura de hombre. 

Isabel Allende, menuda fila/cola para firmar. Hubo que decidir entre esperar y esperar o disfrutar del resto de la feria, el sábado. Elegí lo segundo. Ya se sabe: la vida es elegir.

Isabel Núñez, la conocí/sigo por su blog. Me gusta mucho como escribe, pura sensibilidad.

El primer día

13 may

Hay días hechos de nimiedades y que llenan el alma de melancolía, momentos de soledad de los que uno se acuerda durante mucho, mucho tiempo.

( Marc Levy:  ”El primer día”  Pág. 210)

Una heredera de Barcelona

3 may

-Y dígame, entonces: ¿Qué valores defiende usted?

-Los del ser humano. La bondad, la solidaridad, el amparo de los necesitados, el desarrollo psicológico sin censuras ni dogmatismos, la libertad de la mujer, el amor que redime, la educación en libertad de los hijos que tengamos.

-Lo tendré muy presente. Adiós, señorita Libertad.

-Espere un momento. Dígame ahora usted, ¿qué valores son los suyos?

Dudé un instante.

-Los del ser humano y los de la gracia divina. La bondad y la caridad, el orden social que permite el desarrollo y la creación de riqueza para todos; la Ley. La cultura que nos permite vivir la vida con más profundidad, los valores que inspiraron a Jesús el sermón de la montaña, que nos hacen más humildes y menos presuntuosos. Me gustaría que fueran también los del perdón y la comprensión, pero no sé si siempre lo consigo.

-Cuidado con el perdón y la comprensión. “Tout compendre c´est tout perdonner” , dijo un pensador francés, y no se equivocaba. Ojo con el perdón, no puede aplicarse a todo el mundo, hay gente mala que explota a los demás y que merece un aviso o al menos un castigo.

( Sergio Vila-Sanjuan: “Una heredera de Barcelona” Pág.152-153 )

Si tú me dices ven lo dejo todo… pero dime ven.

27 abr

-¿ Qué le van a hacer?-pregunté poniendo el mejor tono de adulto que supe imitar.

Él se volvió y clavó de nuevo su mirada en mí.

-Me van a dejar medio pulmón dentro. Lo justo para poder respirar y soltar un poco de aire. Aunque tampoco necesito mucho más a mi edad. Me han dicho que se puede vivir con un cuartito de pulmón. Así que me sobra…

Me quede tocado. Yo perdía más amígdalas y vendrían para estar conmigo mis padres, los dos abuelos que me quedaban y mi hermano. Él perdía parte de su respiración y no tenía nadie a su lado…

Creo que en aquel instante descubrí que el mundo era injusto. A partir de ahí he sido testigo de tantas injusticias que he dejado de contarlas y he convivido con ello sin inmutarme.

-Yo le esperaré fuera -solté casi sin darme cuenta de lo que decía.

Él sonrió por primera vez. En su sonrisa había mucha felicidad.

Se acercó a mí y me abrazó. Y con el abrazo me llegó todo el miedo que sentía ante aquella operación que le privaría de aspirar tanto aire como desease.

-Gracias -me susurró- Hace más ilusión salir de ahí dentro si sabes que alguien te va a esperar aquí fuera. Me dará la sensación de que actúo para alguien y eso es importante… ¿Sabías que en el teatro sólo actúan si hay como mínimo tantos espectadores como actores interpretando?

Negué con la cabeza.

-Ahora ya puedo actuar, porque tengo un espectador observándome. Lo haré bien por ti.

( Albert Espinosa: “Si tú me dices ven lo dejo todo, pero dime ven” Pág. 31-32)

El mundo amarillo

19 abr

Noveno descubrimiento:

“Junta los labios y sopla”

                                                                                                   No soples tan sólo en los cumpleaños. Sopla y pide, sopla y pide.

                                                                           La madre de mi amigo Antonio, pelón que nos dejó a los trece años soplando. 

 
 

Quizá durante mi estancia en el hospital me pusieron mil inyecciones, no miento. Tengo venas enquistadas, venas secas, venas ocultas. Me encanta cuando una vena decide bajar a las catacumbas del organismo, lejos de la piel, lejos de los pinchazos. ¡Qué inteligentes son las venas!

Siempre que me han pinchado he soplado, tanto cuando notaba dolor, como cuando dejé de notarlo. Soplar hace que todo sea mejor; me gusta pensar que hay algo mágico en soplar.

Recuerdo que la madre de Antonio, un peloncete muy divertido que siempre me hacía reir, nos contaba que debíamos soplar y pedir deseos. Nos contaba que la gente sólo sopla para pedir deseos en los cumpleaños, porque piensa que los cumpleaños tienen poder, pero lo que no saben es que el poder lo tiene el soplo. Me encantaba la madre de Antonio, siempre nos contaba historias fabulosas, llenas de ejemplos. Nos explicaba, entre muchas más cosas, el poder del soplo.

Nos hablaba de las madres que soplaban las heridas de sus hijos que se habían caído de la bicicleta, de rasguños que se curaban con soplidos y un poco de agua oxigenada. El superpoder del soplo.

Yo me creí aquello a pies juntillas. Siempre que me ponían una inyección yo pedía un deseo; nunca me olvidaba. Soplaba,  pensaba un deseo y notaba una inyección. Automáticamente sonreía. Qué suerte poder pedir tantos deseos. Me sentía un privilegiado. Además, he de decir que se han cumplido muchos.

Ya en mi vida normal, no he dejado de soplar. Soplo dos o tres veces a la semana, sin razón aparente, cuando lo necesito. Como decía la madre de Antonio, los soplidos se acumulan en nuestro interior y hay que sacarlos, hay que extraerlos.

Así que no temas y sopla como mínimo una vez por semana, eso sí, siempre tienes que pedir un deseo.

A veces pienso que se me han cumplido tantos deseos porque soplé mucho en el hospital.

Creo que, sin saberlo, el organismo nos ha dado un arma contra la mala suerte; el problema es que la cotidianidad de ese superpoder ha hecho que no la percibamos.

Recuerda:

1.   Se pone la boca en forma de O.

2.   Se piensa un deseo, pero piensa que quizá se cumplirá. Los deseos deben ser deseados, no vale cualquier cosa.

3.   Y sopla.  Saca aire, aire tuyo. Y recuerda: cuanto mayor es el deseo mayor ha de ser el soplido. Lo ideal es que soples hasta que no quede nada dentro. Quédate sin soplido.

Estoy seguro de que las personas centenarias han soplado mucho. Y ese intercambio de aire, ese soltar y ese coger, es lo que les ha dado una vida tan larga.

Antonio murió soplando. No sé qué pidió pero su madre me dijo que estaba segura de que se había cumplido. Y yo también lo creo. Juntar los labios y soplar. Pido otro deseo…

(Albert Espinosa: “El mundo amarillo”  Pág. 71 )

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Sexual-mente

15 abr

Esther se enfada mucho cuando alguien le dice que ella huye del compromiso. Dice que ella de lo que huye es de la posesión, no del compromiso. Lo que pasa es que la gente confunde esos conceptos. El compromiso es querer estar junto a alguien, mientras que la posesión es querer ser suya. Y yo no soy de nadie. Las parejas se estructuran desde la posesión, no desde la libertad. Tenemos una maldita obsesión por poseeer al otro porque así es de la única manera de sentirnos seguros. Por culpa de la maldita posesión, por ese “tú eres mía” o el “si me dejas me muero”, que a algunos horteras les parece tan romántico, es por lo que mueren decenas de mujeres al año. O por lo que cientos de mujeres putean a sus maridos -que de todo hay- si estos cometen la indecencia imperdonable, por ejemplo, de marcharse con otra. “Ah, ¿que te vas; pues te vas a cagar”. Y denuncias falsas, y no verás a los niños, y te dejaré sin un duro, y… Toda esa basura es por culpa de la posesión, y de eso hay que huir.

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( Nuria Roca: “Sexual-mente” Pág. 121)

Todo lo que podríamos haber sido tú y yo si no fuéramos tú y yo

20 mar

Yo quería pintar la vida, quería hacer una serie de cuadros, una trilogía de conceptos. Plasmarlos en pinturas. La vida en tres lienzos.

No era una idea al azar, me vino cuando vi el cuadro de La vida de Picasso. Es mi cuadro favorito del artista. Lo vi en Cleveland; mi madre estrenaba en esa ciudad su último e innovador gran espectáculo y yo me pasé tres horas observando aquella maravilla en el museo. No vi ningún lienzo más. Con dieciseis años quedé fascinado con aquella obra maestra de color azul.

¿De que va “la vida”? Pues de amor.

Mi madre siempre decía que todo lo bueno a nivel artístico habla de amor. Las míticas películas que se reponen, las obras eternas que se representan una y otra vez en teatro y hasta los libros épicos que se releen durante lustros y lustros. Todos tienen en común el amor o la pérdida de ese amor.

En particular en el cuadro de La vida hay cuatro grupos de personajes: una pareja que se ama, otra que se desea, un chico solo que ha perdido a su amada y otro feliz por no tenerla ya consigo. Yo creo que cada grupo simboliza una etapa de nuestra vida, los momentos puntuales que tenemos, que sentimos.

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(Albert espinosa: “Todo lo que podríamos haber sido tú y yo si no fuéramos tú y yo” Pag. 65-66)

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Un grito de amor desde el centro del mundo.

25 feb

 

Una vida solitaria se hace larga y tediosa. Sin embargo, cuando la compartes con la persona amada, en un santiamén llegas a la bifurcación donde tienes que decirle adios.

(Kyoichi Katayama: “Un grito de amor desde el centro del mundo” Pág. 31)

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Los caracoles no saben que son caracoles

19 feb



Me estoy haciendo mayor. Es algo que sientes justo cuando descubres que tu madre necesita ayuda. Ese día tu vida cambia definitivamente y no hay vuelta atrás. Las madres no pueden ser vulnerables, no pueden estar desprotegidas. Ellas deben saber siempre qué hacer y en qué momento para solucionar los problemas. Las madres no son mujeres, las madres son madres. Así es hasta un día en el que todo cambia y eres tú la que tienes que ayudar. En ese momento te toca a ti ser mayor y te pilla desprevenida. Estás sola, no hay red para equivocarse y da mucho miedo.

(Nuria Roca: “Los caracoles no saben que son caracoles” Pág. 61-62 )

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