Soy dependiente emocional, lo reconozco. Lo asumo.
Hasta hace unos días pensaba que andaba en pleno proceso de rehabilitación, me sentía mejor, con las ideas mucho más claras, mirando hacia delante y patatín, patatán. Hasta que ha llamado a mi puerta y, con las mismas, la he abierto de par en par.
Se supone que era para arreglar asignaturas emocionales pendientes, para recobrar la paz que nunca debí poner en peligro, pero el caso es que abrí la puerta, la ventanita… y le doy cancha de nuevo, no a lo bruto y sin condiciones, pero cancha al fin y al cabo.
Lo leo/miro a la defensiva, pongo barreras absolutas… y me sigue atrayendo… cuando noto que puedo caer a la deriva, corto en seco, utilizo la ironía, el desmarque frontal.
Amy lleva razón, no todo el mundo llega a tu interior, sólo determinadas personas, para bien y para mal.
¿Estamos vendidas?. Mejor, ¿estoy vendida?.
Algo positivo, ahora lo veo venir desde lejos y está advertido hasta la saciedad. En esta ocasión no permitiré que infringa daño, no vale tanto. Y yo sí.




